La neuroquímica de la Generación Nintendo, la perpetuación de la inercia energética y la feminización del capital

Televisión
La televisión es, sin duda, la forma de trance colectivo más acojonante que existe en la actualidad. Tampoco vamos a ponernos a hablar de técnicas manipulativas sutiles porque no acabaríamos, pero sirva de ejemplo rápido la elección de presentadores y actores atractivos físicamente—lo cual está demostrado que los hace confiables—que usan toda suerte de gestos que a nivel incosciente guian la opinión del espectador sobre lo que es bueno pensar y lo que no, mientras que interpretan guiones en los que no se deja en buen lugar a cualquier opinión divergente del consenso social. Existen tratados inmensos sobre Programación Neurolingüistica para el mutante curioso, aunque por otra parte debería decir que personalmente he acabado antes viviendo sin televisión.

Lo que interesa es, sin embargo, lo que sucede a nivel fisiológico con la TV:

1.Hay mucha polémica con el tema de la lateralización de funciones en el cerebro, pero en términos generales y funcionales se puede decir que el hemisferio izquierdo lleva a cabo los procesos asociados al análisis y a la división de la información, mientras que el derecho se encarga de un procesado a nivel general y de forma no analítica—esto es, no crítica. Bien: durante la exposición a la TV la actividad del cerebro se centra básicamente en el hemisferio derecho.
2.sucede además que la actividad de las regiones superiores del cerebro—como el neocórtex—disminuye, mientras que la de las regiones inferiores como el sistema límbico aumenta. Este último, el llamado cerebro reptiliano, es el responsable de nuestras reacciones básicas de supervivencia—las de lucha-huida—, y a nivel subconsciente no distingue la realidad de lo que está viendo: así pues, mientras conscientemente sabemos que lo que vemos es ficticio a un nivel incosciente el cerebro reptiliano reacciona como si fuera verdad—y por lo tanto provoca alteraciones en el cuerpo tales como cambios en el ritmo de la respiración, en el ritmo cardíaco, etcétera. ¿Alguien recuerda la famosa anédota de Orson Wells con la radiodifusión de “La Guerra de los Mundos”?
3.el paso de las funciones al hemisferio derecho provoca además la secreción de endorfinas en el cerebro, que no son otra cosa sino los opiáceos naturales del cuerpo—de lo que se seguiría pues que la televisión es literalmente una droga dura que provoca también literalmente una adicción física.
4.las ondas cerebrales pasan de un estado beta (que es el que solemos usar en la vida cotidiana) a un estado alfa; el estado alfa se asocia con la relajación y con la ausencia de pensamientos: es, de hecho, el umbral hacia los estados de trance, hipnosis y estados ligeros de meditación.
Así que la cosa no pinta del todo bien: tenemos pues al sujeto en un estado similar a la hipnosis, con sus capacidades analíticas mermadas, en un estado que simula situaciones de vida o muerte y para más INRI fumando en platilla catódica. Efectivamente: el sueño del flautista de hamelín escala industrial.
Seguid leyendo.

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