A la Caza de los Cientificos Espaciales Nazis.

Científicos alemanes muy brillantes trabajaron para el régimen nazi en las décadas de 1930 y 1940, creando el misil V2. Cuando la guerra finalizó, los Estados Unidos intentaron desesperadamente conseguir a estos científicos antes que los rusos. La necesidad de aprovechar sus conocimientos para obtener la superioridad militar se puso por delante de cualquier preocupación de llevar a estos criminales ante la justicia. El trabajo de estos científicos durante la guerra escondía un sombrío secreto. Centenares de prisioneros esclavizados murieron mientras construían el V2. En 1945, existió una auténtica persecución en Alemania para conseguir a estos expertos antes que los rusos. Pero las manos de los genios de los cohetes estaban manchadas de sangre.
Los cazadores del Departamento de Inteligencia del Ejército de los Estados Unidos estaban liderados por el Mayor Robert B. Staver, del Despacho Especial de Investigación del país. La caza de los científicos de los cohetes comenzó a principios de 1945. Y Stavers fue el inspirador de la Operación Overcast. Su trabajo consistía en identificar, capturar y evacuar a todos los grandes científicos nazis cuyos conocimientos pudieran mejorar la máquina militar norteamericana. Como parte del plan, los científicos también tenían permiso para llevar consigo a sus familias. Dicho de otra manera, los Estados Unidos deseaban que se sintieran satisfechos ya que ello los ayudaría a realizar un buen trabajo.
En lo alto de la “lista negra” de Staver se encontraba Wernher von Braun. Wernher era el científico responsable del misil V2 de Hitler. En junio de 1945, Staver consiguió a su hombre. Von Braun contaba con más conocimientos sobre misiles y cohetes que cualquier otro científico del planeta. La Operación Overcast desembocó en la Operación Paperclip, que transfirió y estableció a Von Braun y a su equipo en los Estados Unidos, en donde contribuyó significativamente a los programas espaciales y de misiles norteamericanos. Entre estos científicos también se encontraba Arthur Rudolph quien junto con Von Braun, ayudó a desarrollar el cohete Saturno V y el misil Pershing. En 1975, Von Braun recibió la Medalla Nacional de la Ciencia.
Poco a poco, las atrocidades cometidas comenzaron a hacerse públicas. Se descubrió que Von Braun había trabajado estrechamente con Hans Kammler, un ingeniero y general de la SS responsable de la construcción de algunos campos de concentración nazis como el de Auschwitz. De hecho, él mismo había recomendado la utilización de los prisioneros de los campos de concentración como esclavos para construir al V2. Por otra parte, Arthur Rudolph, en su día ingeniero jefe de la fábrica de cohetes V2 en Peenemünde, también había apoyado la idea cuando la falta de mano de obra comenzaba a amenazar la existencia del programa.
Las condiciones de los prisioneros esclavizados eran deplorables y se calcula que murieron más personas construyendo los cohetes V2 que las que fueron alcanzadas por ellos. Von Braun admitió haber visitado la fábrica en Mittelwerk, pero siempre defendió el hecho de no haber presenciado maltrato hacia sus trabajadores. Sin embargo, numerosos testimonios contradijeron estas afirmaciones, alegando que éste sí había presenciado el trato inhumano que se infringía a los trabajadores día tras día.
Una carta de la época de la guerra reveló que Von Braun llegó a elegir esclavos en el campo de concentración de Buchenwald. Las autoridades norteamericanas sabían perfectamente de qué se había encargado Von Braun, pero decidieron ignorar sus crímenes.
Von Braun murió en 1977 y mientras tanto, muy lentamente, la indignación comenzó a contagiar a la opinión pública. Con el paso del tiempo, resultaba imposible ignorar todo lo que había ocurrido.
Arthur Rudolph, por su parte, se había retirado en 1969, recibiendo dos medallas de honor al mérito de la NASA. En septiembre de 1982, sin embargo, recibió una carta del recién creado Despacho de Investigaciones Especiales, solicitándole una entrevista. Rudolph fue interrogado sobre los nazis y la utilización de los prisioneros en los campos de concentración de Mittelwerk. Mientras transcurría la investigación, Rudolph voluntariamente hizo uso de su ciudadanía norteamericana, abandonando los Estados Unidos para regresar a Alemania. El gobierno alemán emprendió su propia investigación, excusando a Rudolf de cualquier mala conducta. Otras organizaciones, incluyendo la Organización Judía Mundial, encontró testimonios de las atrocidades cometidas en la fábrica de los misiles V2. Rudolph solicitó un visado en 1989 para comparecer en la celebración de los primeros 20 años de la llegada del hombre a la Luna pero le fue denegado por el Departamento de Estado norteamericano. Grupos neonazis organizaron varias demostraciones de apoyo al científico. Arthur Rudolph falleció en Hamburgo en 1996.

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